Claves para no desesperar en su primer día esquiando

Una buena condición física, un estado mental optimista, un instructor para que le ayude en sus primeros pasos y la certeza de que todo irá bien son las claves para que su primer día en la nieve no se convierta en una pesadilla

Tanto si es un apasionado de los deportes como si no, sabrá que una de las experiencias que no debe perderse es la de esquiar. Ya sabemos que en su ciudad no nieva como para que se ponga unos esquís y se convierta en el rey de la pista. Para ese objetivo ya existen las discotecas. Pero llega un momento en el que toca dejar de ver en los informativos de la televisión esas familias con sonrisa infinita, gafas de sol, abrigadas hasta el cuello y montadas unos esquís y pasar de una vez por todas a la acción. Si es su primera vez no se preocupe pero prepárese para caer. Si es un experto, llévese a alguien que debute sobre el blanco inmaculado de las pistas. Vaya acompañado, es garantía de diversión.

Cuando uno se lanza a la aventura de esquiar ha de tener claro algunas cosas. Por ejemplo, que no vale un estado físico cualquiera. Si se ha pasado el último año tirado a la bartola, sentado en la incómoda silla de la oficina y el único deporte que ha hecho ha sido el de caminar desde el sofá hasta la nevera, plantéese si es el momento adecuado, porque seguramente no lo sea. No hace falta que haya realizado medias maratones, ni siquiera que salga a entrenar todos los días. Pero sí que sepa en qué consiste eso de tener resistencia y aguante físico. Porque el día que se calce las botas necesitará, además de paciencia, fuerza de voluntad y ganas, energía para no decaer a las primeras de cambio.

La estación de esquí y la paciencia

Si es un novato deberá elegir una pista que se adapte a usted. Para ello habrá que escoger antes una estación de esquí que cuente con kilómetros de nieve para ese cometido. Uno de los paraísos para acometer esos menesteres es la de Grandvalira, situada en los Pirineos dentro del Principado de Andorra. Si decide ir con sus hijos, se trata de una gran oportunidad puesto que la estación cuenta con parques de nieve y guarderías para que usted sólo debe preocuparse de esquiar con la máxima tranquilidad y con la ayuda, si así lo desea, de un instructor o profesor que le permita evitar el máximo de caídas y le garantice un rápido aprendizaje para hacer que la experiencia le provoque ganas de repetir.

No es de extrañar ver en los servicios de restauración a personas que han arrojado la toalla a las primeras de cambio. De hecho, si va con un grupo de amigos y además de usted, hay algún debutante, puede que la frustración le lleve a pasarse horas sentado en una mesa mientras observa, ceño fruncido mediante, como el resto lo pasa en grande. No se desespere si la decepción viene a verle cuando cae o no sabe levantarse. Para ello contrate un experto o, si se acompaña de ellos, pídales que le ayuden. Antes deberá haber comprado una equitación cómoda en tiendas especializadas o habrá alquilado unas botas que se amolden a su número de pie. No se sonroje si ve a criaturas de cinco años haciendo las veces de Hermann Maier. Ellos, como usted, comenzaron tropezando.

Comience su andadura en pistas diseñadas especialmente para principiantes y a medida que vaya encontrándose más cómodo verá como las bajadas son cada vez más divertidas, las caídas más esporádicas y el entretenimiento mayor. Prevenga los accidentes con el resto de esquiadores siguiendo unas precauciones básicas y descanse cada dos horas. Aproximadamente, de cada mil esquiadores, cuatro se acaban lesionando al día y de ellos, dos son novatos. La mayoría se debe al sobreesfuerzo, de ahí que sean necesarias unas buenas condiciones físicas. La mentalidad y las ganas por aprender harán el resto. No se ofusque, crea en usted y verá como al final, se convertirá en un apasionado del deporte rey invernal.